Caminé por rutas con sabores a higo, manzana y chocolate, así descubrí senderos abiertos al principio y cerrados al final, limpios bellos y casi confundibles con el cielo, el olor de las margaritas y el silencio de los inocentes.
Vi un día, que casi ya no recuerdo, una ruta que me llevó hasta el fin del amor y principio del dolor. Conocí tantos caminos por donde miles de huellas se cubrían unas con otras y borraban pasados y generaban pisadas.
Aprecié con toda la ternura del sol, la vida bajo el pasto, sobre los árboles y sobre todo la libertad que trae el viento cuando al caminar no duelen ni los pies ni los pasos mal dados..
Así conocí caminos hermosos, bellos, amplios, limpios, frescos y sencillos...
Pero hay un camino señores
Que si merece copla
que cuando el viento sopla
brillan sus colores.
Uno que lleva olores
a olivos y viento de mar
que aunque lo traté de evitar
me encerró entre sus ramas
y como almohada o como cama
ahí me hizo acurrucar.
Un piso color canela
suave como las nubes
como aquel sueño que tuve
como cuadro de acuarela
como trapecio o como tela.
Con el dulzor del buen vino
y la fuerza del viento andino
llegó hasta mi paladar
y me hizo así probar
el veneno pero el más fino.
La ruta que les relato
parte con un lunar
en su hombro está ese lugar
donde me arrimo como gato.
Luego de soñar un rato
subo directo a su cuello
aquí si que el paisaje es bello
pero cuando termino en su oreja
ni el sabor de las almejas
se comparan con su sello.
Se convierten en azucenas
mis dedos en su piel
siento el sabor a miel
que me entrega su colmena
Su cuerpo ya nada lo frena.
Mareado de sabores
conquistado con olores
hago la ultima parada
en su boca acaramelada
dejo caer mis canciones.
Entonces termina el sendero
para mi boca palpitante
que resucitó en un instante
sin dejar heredero.
El cuento es verdadero
Parece corta la ruta
pero tiene sustituta
por donde me voy luego
pero no hablaré de ese juego
por que es privacidad absoluta.
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