Hoy al despertar, amanecí con dolores
con gritos y con temores que no querían escapar
Con lágrimas que sin cesar, caían desde mi pena
Como inocente con condena como arena sin su mar
y es que no te oigo cantar, y tu voz falta en mis venas
Quisiera verte guitarreando, con ceño fruncido al rasguear
con las uñas que al golpear, a las cuerdas le sacan llanto
me siento y me levanto tratando de recordar
como era ese cantar en honor a mi abuelito
un volcán que con ese grito, nadie nunca pudo callar
Te veo siempre pequeña, inconfundible ante el mundo
Con ese si rotundo, que a mi infancia supiste dar
como esos pies que al bailar, al suelo sacaban brillo
sin necesitar un grillo que te diga que hay que hacer
siempre sabiendo poner el atún o el dulce de membrillo
Bella hermana sirena, madre perfecta en tu amplitud
La que rechaza el ataúd, la que no merece condena
La que no morirá de pena, y muchos menos sin reír
la que siempre ocultó el sentir frente a mi lágrima insegura
Por tu mirada que ya cura cuando el alma se quiere rendir
Un té de hojas de otoño, un manto para tus piernas
un collar de risas eternas, y los ojos de tu retoño
Un elástico para tu moño y mil brazos para abrazarte
sobre una nube acostarte y un soplido de melodías
Te tengo mamita mía una vida para atraparte
Me pongo el mejor vestido, sin colores ni costuras
mis mejores amarguras, mis venas sin sentido
mis recuerdos sin olvido, mi cara sin afeitar
mis zapatos sin lustrar, mis manos sin remojo
Reinvéntame a tu antojo, lléname con tu cantar.