El sueño era parte natural del sabor que dejan las sábanas en los ojos cuando el cuerpo lleva menos de 3 horas de descanso. Entonces por los parlantes "The Clash" me llamaba desde London para colorear el día con un rock punk sencillo y simple, por otro lado la cocina me invitaba a cerrar los sucesos del día anterior. Era un hermoso momento para no obedecer nada y sentarme en mi balcón a conversar con el aire.Pensando que era lo más sano, prendí un cigarro y cambié el disco, entonces Orichas se encargaba de darle el "buenos días" a mis casi violentos vecinos de la noche anterior.
¿Has conocido el color de la soledad?, ¿te has lavado la cara con el ridículo miedo de no pasarle el javón a nadie?, ¿has tenido ganas de despeinarte y volverte a peinar una y otra vez?, pues bien, luego de lavarme los dientes más de 7 veces, y ordenar la misma camisa de distintas formas, descubrí el espacio que sobraba en mi living, ese aliento de ampolleta que no quieres oler, que no te agrada ni te tranquiliza, pero que sin perdón de Dios, debes aceptarlo, como un huésped que no invitaste o peor aun, como un ladrón que te lastima a viva voz sin que puedas golpearlo o echarlo de tu casa. Sin embargo empezamos a convivir, a conocernos a relacionarnos.
Tanto cabalgar hacia el mismo lado, conocí los marcos del cuadro que más me gustaba, me quemé más de una vez los pies con la arena del camino y colgué mi corbata al lado de mi alma, así entonces, y sólo así, conocí para que se venden las rameras en la calle, y los pan de huevo en las playas.
Ahora viene el movimiento, el remesón, el que busco, el que espero y el que parte desde este martes al lado del morral de lana y las corbatas de ceda.