Ya los ojos me colgaban de las pestañas, y un pedazo de querer queriendo se me enredaba entre pensamientos, música, gente y latidos de corazón atardecido.
Pasaron minutos y segundos relámpagos, pasaron relámpagos en un segundo que parecían minutos. Se me encogió la voz y se me agudizó el sentido. Me di cuenta que había mucho más espacio entre mi cabeza y el cielo, y mucho menos entre mi espalda y el pecho, pero entre menos espacio, más se aprieta lo que está dentro.
En un momento apareció, como siempre aparece... tarde pero justo en el momento, más que puntual, sorpresiva... iluminó caminos, senderos y sencillos, armonizó los pasos, los respiros y los cuchicheos de los ignorantes alrededor en mi vida, se me mojaron las venas y los labios, entonces el cuerpo quería salir de su propio cuerpo y convertirse en otro nuevo, viejo, solitario, ridículo e insolente.
Entonces las baldosas, que hasta ese momento se arrastraban bajo mis pies, se detuvieron, así también los postes, árboles y casas que caminaban en mi contra, como el porvernir lo ha estado casi siempre. Pero solo ella no se detuvo, solo ella siguió hasta donde yo estaba, solo ella entonces era movible, era viva, colorida y hermosa.
Me tocó silenciosa con su mirada, me robó en un segundo el habla y me devolvió la calma, me quitó un abrazo, un beso y un par de palabras seguras de amor. Extinguió mi dolor presente, perdonando error pasado, me devolvió mis ojos, mi cordura violada y me dijo... "yo también te quiero..."
2 comentarios:
Ufff...Maravilloso¡¡¡
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