
Te siento, te escucho tocer, te miro amanecer y morir en tus pestañas. Veo tus manos, y el reflejo del vidrio en sus palmas, tratando de cruzar, como yo quiero, como tu quieres, como hay que corazón, como uy que dolor. Veo tu pelo tocando el aire... mi aire.
Siento tu "no", espero tu "si", niego tu "adios", lamento tu fin, te regalo mi inicio, escucha mi "ven", obedece mi "aquí", paralisa mi "voy" y yo compro tu "volví", pero no juegues con el silencio de la luz en tu cabeza frente al estante de madera blanco o gris o café según la lluvia del día o el frio de la noche.
Sientate en tu silla, mueve el aire con tus palabras, mancha el cielo con tu mirada y vuelve a respirar mi aire, yo sano, inquieto y verde, sigo respirando el aroma, que aparece sólo en la tarde, y muere en la noche. Esperando parado, gil y parado, pero frente a mi la polilla me acompaña esperando la luz... o siguiéndola.
Toma una copa de vino, rompe mi vaso, desde tu cocina alumbra mi sueño, desde tu pieza envidia mis colores de cara y ojos, y piano y rock and roll.
Desvístete, una vez más lejos de mi alcance, cerca de mis ganas, dentro de mi mente o debajo de mis ojos.
Violeto cuchullo masoquista que prefiere quebrarse a enterrarme, que goza más el agua que lo limpia a la carne que lo cobija, sigue siendo cobarde, ya me tocará a mi ser tu cacha y tu mi filo y juntos la muerte de quien nos caliente.
Destino distinto, dedos con letras, sonidos llenos de oidos y bocas con colores verde, negro y rojo y quizas amarillo para volver al sol. Pero tu ahí sigues sin verme, sabiendo que estoy, pero sin saberme, sin mirarme, sin tocarte por mi, ni tocarme... tambien por mi.
Acuestate, salte de tu cama, toma tu ducha y gira contra el reloj, que este sueño, como el del hambre, será probar un cuerpo, que una vez más no está contento, pero presente en mi puerto, ese pálido, seco y gris que alguna vez probaste, sin saber que era mi escondite secreto.
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